Amigos imaginarios: ¿qué hacer ante ello?

La infancia no es precisamente la etapa de la vida de la que más recuerdos tenemos, aunque estos sean muy vivos, los hayamos repetido muchas veces y nos acompañen durante toda la vida. Por otro lado, hay experiencias que aunque no residan en nuestra memoria, son rememoradas una y otra vez por nuestros familiares hasta que las asumimos como propias. Nuestro amigo imaginario suele estar clasificado en esta segunda forma de “pseudorecuerdo”.

Podemos decir que más allá de las razones por las cuales un niño tiene un amigo imaginario, es bueno que como personas de referencia en sus vidas sepamos colocarnos y acompañarles en esta situación. Enojarse con ellos no es lo más recomendable, ya que se trata de un proceso mental por el que todos (o la mayoría) hemos pasado.

Este amigo imaginario que puede “tomar la forma” de una persona o de un animal, robot, personaje, etc, nos puede dar muchas pistas sobre lo que le gusta o no le agrada a nuestro hijo. Claro, porque los niños depositan en estos amigos imaginarios todas sus frustraciones, sus deseos y sus elecciones.

Si al amigo invisible de tu pequeño no le gustan el brócoli, probablemente el niño prefiera comer otra cosa y no sabe de que manera decirlo.

Puede que con paso del tiempo, los amigos imaginarios cambien de forma y de nombre o bien se “sumen” nuevos integrantes al equipo.

De la misma forma que llegan, también se van. En el momento en que el pequeño alcanza cierta madurez y el niño se da cuenta de que ya no lo necesita, el amigo toma su maleta invisible y se va por el mismo camino que utilizó para aparecer.

Amigos imaginarios: preguntas y respuestas para padres.

Algunos padres llegan a nuestra consulta para preguntar sobre el o los amigos imaginarios de sus hijos. Las dudas más habituales son:

¿Es algo patológico? No, nuestros pequeños no están enfermos ni tienen problemas mentales por afirmar que tienen un amigo imaginario. Cerca de la tercera parte de los niños de entre 2 y 6 años de edad han creado al menos uno.

La reacción de los padres suele ser de preocupación y de sorpresa, pero no hay de que preocuparse mientras el niño continúe con sus actividades normales y mantenga amistades reales con otros niños.

¿Por qué pasa esto? Cuando los peques cumplen dos años tienen la capacidad para desarrollar lo que se conoce como “juego simbólico”. Esto quiere decir que fantasean e imaginan cosas.

Juegan a la comidita, a la mamá, a ser astronauta o súper héroe, llaman por teléfono de juguete a los padres, etc. No hay que asustarse por ello sino disfrutar de que están llevando a cabo sus habilidades imaginarias, que luego se podrán reforzar con la lectura de libros o ciertas clases intelectuales o artísticas.

¿Cómo reconocerlo? Si tu hijo tiene un amigo invisible te darás cuenta porque él mismo se encargará de describirlo y de hablar de él. Puede tener características de personas o no y probablemente su personalidad sea parecida a la del niño.

¿Qué puedo hacer? Esta es la pregunta por excelencia en relación a los amigos imaginarios de los niños. Como primera medida, no retar al niño porque ha presentado a un personaje invisible. Quizás los demás familiares y amigos no entiendan por qué se pone otro plato en la mesa para “pepito” o “pirula” o que hay que pensar como si se tuviera un hijo adicional. Pero lo importante es “seguirles el juego”.

La idea es acompañar a los niños en este proceso y que no lo vean o sientan como algo malo. Ahora bien, tampoco hay que irse al otro extremo. Deja que tu hijo saque el tema del amigo imaginario, no lo instes a pensar en él, síguele la corriente y si no “tomas de la mano” a los dos, dí que estás distraído y no te has dado cuenta. Pídele disculpas a “Pepín” y listo.

¿Cuándo preocuparme? Un amigo imaginario se puede volver una preocupación cuando el niño se obsesiona con él, de manera tal que no puede realizar ninguna otra actividad, relacionarse con personas de carne y hueso, se retrase con sus tareas, no quiera salir de la habitación, cambie su temperamento, etc.

En esos casos, es bueno que vaya a la consulta con un psicólogo. Si nada de esto ocurre, deja que siga en curso su amistad hasta que el niño sólo se canse o se aburra de ella.

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