LA IMPORTANCIA DE LOS PENSAMIENTOS

La empresa Marco-Medina S.A. atraviesa un momento difícil. El gerente toma la decisión de reducir personal y no renueva el contrato a los últimos cuatro empelados. Todos ellos comparten una serie de características similares: son jóvenes, con título universitario y es su primer trabajo. Analicemos sus reacciones:

  • Javier, 26 años, se siente destrozado. En cuanto le dan la noticia, apenas puede controlar el llanto, se siente deprimido y culpable. En un intento vano de mantener el puesto, le asegura al jefe de personal que intentará trabajar más y ser más productivo.
  • Charo, 28 años, se enfada. Se enfada mucho. Pide explicaciones, insulta al jefe de personal y le amenaza con recurrir a los tribunales.
  • Vicente, 25 años, se alegra. Por curiosidad pregunta las razones de la no renovación. Siente un agradable sentimiento de liberación.
  • Cristina, 27 años, se pone muy nerviosa. Apenas puede hablar, y tiene la sensación de que el corazón se le va a salir por la boca. Siente una gran vergüenza y se va de la empresa sin despedirse de nadie.

¿Cómo es posible que la misma situación provoque tan distintas reacciones emocionales y conductuales? Seguramente responderá diciendo que son personas distintas con personalidades y caracteres diferentes. La respuesta es buena. Sin embargo, podemos afinar todavía más. Lo que realmente ha provocado esta disparidad de reacciones son las interpretaciones que cada uno ha hecho sobre perder el trabajo:

  • Javier, que se deprimió y se sintió culpable, pensó: “La culpa la tengo yo. Soy un holgazán. Debí haberme esforzado más”.
  • Charo, que se enfadó, pensó: “Todos los empresarios son todos unos canallas. Antes de reducir beneficios, echan al trabajador”.
  • Vicente se sintió alegre y aliviado porque pensó: “¡Problema solucionado! Me estaba asfixiando en este trabajo y hubiera sido muy complicado decirle al jefe de personal que no quería continuar”.
  • Y, por último, Cristina sintió ansiedad y vergüenza al pensar: “¡Qué vergüenza! ¿Qué pensarán de mí los compañeros de trabajo? Mis amigos pensarán que me han despedido porque soy vaga o incompetente. ¡Dios, qué ridículo tan espantoso!

Al pensar en términos distintos, las reacciones emocionales y conductuales también han sido diferentes. Nuestras emociones y nuestros comportamientos están provocados directamente por nuestros pensamientos, interpretaciones o juicios. Si preguntásemos a nuestros protagonistas por qué se sintieron y actuaron de la forma en que lo hicieron, ellos contestarían con toda seguridad que se debió a la pérdida del trabajo. Pero no es exactamente cierto. Si hubiera habido una relación causal y directa entre la no renovación del contrato y su forma de reaccionar, todos ellos habrían experimentado la misma emoción. La ecuación es más complicada. Entre la situación y la reacción emocional hay un punto intermedio, los pensamientos. Lo que cada uno de los jóvenes parados pensó fue lo que provocó sus emociones (sentimientos) y forma de actuar:

 

Dibujorrr

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