¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO EXPRESAR NUESTRA OPINIÓN?

En muchas ocasiones nos sucede que nos cuesta decir que no a algo que nos solicitan, nos cuesta expresar una crítica o un desacuerdo a los demás, desechamos nuestra propia opinión al no atrevernos a expresarla… Es importante saber el cómo expresar y cómo usar el lenguaje verbal y no verbal, tener técnicas y ayudas para desenvolvernos mejor (sigue nuestro blog y te iremos explicando en sucesivos post). Pero a veces el problema está en la base, en que realmente NOS CREAMOS CAPACES Y CON DERECHO A EXPRESARNOS, creer realmente que lo que vamos a decir merecemos decirlo.

Para ello, te ayudamos con este resumen sobre los derechos básicos sobre la comunicación de las personas:

1. Derecho a ser tu propio juez:

Significa reconocer que tienes derecho a poseer tus propias opiniones, creencias y a evaluar tus sentimientos y tu conducta, y a aceptarlos como válidos si así te lo parecen aunque a otros no les parezcan aceptables. Ejercer este derecho supone: que te pongas de acuerdo contigo mismo para decidir qué quieres; que aprendas a juzgar tus acciones con claridad y que elijas tú mismo tu escala de valores y tus principales metas.

2. Derecho a elegir si nos hacemos o no responsables de los problemas de los demás:

Si somos asertivos podremos optar por sentirnos responsables sólo de nuestros problemas. Por ejemplo si un compañero no nos deja centrarnos en el trabajo o nos agobia contándonos sus dificultades, una respuesta asertiva sería pedirle que nos las cuente en otro lugar o recomendarle que busque ayuda profesional, sin sentirnos responsables de ellas.

Una creencia irracional que nos impide ejercer este derecho es la de que no debemos decir o hacer nada que pueda herir los sentimientos de otras personas. Pero aunque es preferible no herir a los demás y tratarlos con respeto y cortesía, es imposible y contraproducente pretender exigirte a tí mismo que nunca hieras a nadie. Es más deseable pensar que tienes derecho a defender tus intereses y a expresar tus sentimientos, incluso si los demás se sienten ocasionalmente heridos. Lo contrario supondría mostrarse falso y negar a la otra persona la oportunidad de aprender.

Este derecho incluye que seamos capaces de anteponer nuestros intereses a los de los demás, al menos en ocasiones.

3. Derecho a elegir si queremos o no dar explicaciones:

Si te riges por tus propios juicios y valores, si eres tu propio juez, no tienes por qué sentirte obligado a dar explicaciones sobre tu comportamiento para que los demás decidan si es acertado o no ni para intentar convencerlos de que no estás equivocado.

Por supuesto los demás siempre tendrán la opción asertiva de decirte que no les gusta lo que haces. En ese caso podrás optar por: no hacerles caso, buscar un acuerdo, o respetar sus preferencias y modificar por completo tu comportamiento.

Pero hay que tener claro que los verdaderos responsables de nuestra vida, nuestras emociones y nuestras conductas somos cada uno de nosotros.

4. Derecho a cambiar de opinión:

La realidad es muy compleja, puede ser vista desde distintos ángulos. Por ello para ser realistas y conseguir un máximo de bienestar, conviene aceptar que cambiar de opinión es algo saludable y normal.

Algunas ideas irracionales que nos impiden ejercer este derecho son: “Una vez que te hayas comprometido a algo, no debes cambiar de opinión y, si cambias, debes justificarte o reconocer que estabas en un error” “Si cambias de opinión demuestras que no eres capaz de tomar decisiones por ti mismo” “Si te vuelves atrás demuestras que eres un irresponsable”. Estos “deberías” son irracionales.

5. Derecho a cometer errores:

Si creemos de forma autoexigente, que no debemos cometer errores (cosa que es imposible porque todos nos equivocamos a veces), cuando los cometamos reaccionaremos pensando y sintiendo que hemos hecho algo malo, que eso es terrible y que somos unos ineptos.

También será fácil que otras personas nos manipulen y nos hagan sentir culpables por habernos equivocado en algo. Por ejemplo, si cometes un pequeño error en tu trabajo y tu compañero te regaña dándote a entender que “no deberías haber fallado”, si no eres asertivo y dejas que él juzgue tu comportamiento –sin tener en cuenta que es a ti a quien corresponde hacerlo y que tienes derecho a equivocarte-, es probable que esa situación te cree mucha ansiedad. Para reducir esa ansiedad podrías recurrir a estrategias poco asertivas, como: negar el error, dar demasiadas explicaciones para tratar de justificarlo, quitarle importancia o sentirte obligado a hacer algo para intentar “reparar el error”.

Pero si decides ser asertivo y, por tanto, juzgas por ti mismo tus propios errores, reconocerás tranquilamente que ha sido un fallo, viéndolo como algo normal y sin sentirte culpable por ello.

6. Derecho a decir “no lo sé”

Consiste en responder tranquilamente que no sabemos algo, cuando la ocasión lo requiera. Incluye también el atrevernos a preguntar lo que desconocemos. Se basa en aceptar que es imposible saberlo todo, y que no necesitamos tener respuestas a todas las cuestiones, para sentirnos bien y ser eficaces y valiosos.

Por ejemplo: si alguien te hace una pregunta tendenciosa y de difícil respuesta como: “¿qué crees que ocurriría si todos nos pusiéramos a defender nuestros derechos?”, y no sabes bien qué responder, puedes devolverle la pregunta diciéndole: “No lo sé; ¿qué crees tú que pasaría?”

7. Derecho a no necesitar la aprobación de los demás.

Las relaciones interpersonales son muy importantes y es muy grato gustar a los demás. Pero intentar agradar a todos es imposible e incluso contraproducente. Veamos algunas razones:

– Es imposible conseguir siempre la aprobación de los demás. Por tanto, es mejor aceptar con naturalidad que haya personas a quienes no les gustemos.

– Si damos excesiva importancia a conseguir la aprobación de los otros, podemos convertirnos en personas ansiosas y serviles (ya que, incluso cuando tengamos su aprobación, temeríamos perderla.)

– Si uno se comporta siempre en la forma en que cree que los demás esperan que lo haga, dejaría de ser fiel a sí mismo.

– Si creemos que para relacionarnos adecuadamente con una persona precisamos contar con su aprobación y simpatía, nos ponemos en situación de ser manipulados por ella, a causa de nuestra necesidad de aprobación. (Si cuando alguien te desaprueba, reaccionas alterándote mucho y haciendo grandes esfuerzos para recuperar su aprobación, el otro se dará cuenta de que puede conseguir muchas cosas de ti amenazándote con su rechazo o rechazándote y, puede utilizar este arma.

– En realidad aunque la prefiramos, no necesitamos la aprobación ni la simpatía de los demás para relacionarnos con ellos de forma asertiva y eficaz.

8. Derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica:

La lógica y el razonamiento suelen basarse en afirmaciones rotundas, en forma de “todo o nada”. Pero nuestros deseos, motivaciones y emociones no suelen presentársenos de una manera tan clara. A menudo, nuestros sentimientos acerca de algo o alguien están mezclados y confusos. Los experimentamos en diferentes grados según el momento y el lugar y, a veces, deseamos cosas diferentes al mismo tiempo. Por tanto, la lógica y el razonamiento son poco eficaces para comprender esas situaciones.  Pese a ello, muchos de nosotros conservamos la creencia irracional de que “Hay que dar buenas razones para justificar nuestros deseos, sentimientos y conductas”. Si lo creemos así, algunas personas emplearán el argumento de que no les parecen lógicos, para manipularnos y conseguir que hagamos lo que ellas quieren.

Por ejemplo: si otra persona intenta que hagas algo que no deseas y, en vez de pedírtelo alegando su deseo, argumenta que lo que te pide es lo lógico, puede estar intentando manipularte para que no te atrevas a rechazar su petición, en vez de plantear una negociación acerca de vuestros deseos en conflicto. Asó, podrías llegar a sentirte culpable por desear algo “contrario a la lógica”. Sin embargo; sigues teniendo el derecho a elegir tus metas y a decidir lo que quieres, aunque no dispongas de unas razones claras y lógicas para explicarlo (ya que tú eres tu propio juez).

9. El derecho a no comprender las expectativas ajenas:

Ser asertivo requiere pensar que no estamos obligados a adivinar las expectativas de los demás y que, aunque en la mayoría de situaciones nos convenga estar atentos y tratar de tenerlas en cuenta, es lógico y conveniente que sean las personas implicadas las que expresen sus deseos. Si aceptamos que es difícil comprender las expectativas ajenas, evitaremos también los errores que suelen darse cuando tendemos a “adivinar” los pensamientos y deseos de los demás.

10. Derecho a no intentar alcanzar la perfección:

Algunas  personas creen que aunque no somos perfectos, debemos intentar alcanzar la perfección en todo lo posible. Por tanto, consideran que si alguien nos señala cómo podemos mejorar, tenemos el deber de seguir esa dirección. Pero ya hemos visto lo contraproducentes que son los “deberías”. Además, si nuestras expectativas son realistas, no esperaremos ser perfectos – ni siquiera acercarnos a ello- ya que los humanos estamos llenos de limitaciones. Bastará con que hagamos las cosas en la forma más satisfactoria que buenamente podamos.

Lo asertivo es que cada uno de nosotros juzgue y elija sus metas según sus preferencias y que, si otro trata de manipularnos para conseguir que hagamos lo que quiere argumentando que es mejor, podamos pensar y decir: “No me importa”

 

En resumen, los derechos asertivos consisten en que te atrevas a ejercer el derecho a ser tu propio juez, a trazar tus propias metas y a no dejarte manipular por los demás. Pero ello no impide que tengas en cuenta sus opiniones, des explicaciones cuando te parezca adecuado hacerlo, y que prefieras ser amable, hacer las cosas bien, gustar a los demás y obtener su aprobación, siempre que eso no te impida ser fiel a ti mismo.

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2 comentarios el “¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO EXPRESAR NUESTRA OPINIÓN?

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