NIÑOS PERFECCIONISTAS: CUANDO SACAR SOBRESALIENTE NO BASTA

 

¿Acaso no es bueno que mi hijo desee tener éxito?

Naturalmente, los padres desean que sus hijos se esfuercen y alcancen el éxito. Sin embargo, para algunos niños, no basta con esforzarse. Tienen que ser perfectos. Deben obtener 100% en todos los exámenes, entregar trabajos sin errores, tocar el violín a la perfección, ser iguales a los modelos de su revista favorita. Este afán por la perfección puede llevar al éxito académico y social, pero también puede acarrear consecuencias negativas. Algunos niños perfeccionistas pueden sobrellevar no alcanzar sus elevados estándares en ocasiones, mientras que otros no lo toleran. Los jóvenes de este último grupo suelen sentir frustración e insatisfacción con su rendimiento, lo que los expone a graves problemas, como la ansiedad, la depresión o los trastornos alimentarios.

 

 ¿Por qué mi hijo tiene que ser perfecto siempre?

Los niños pueden exigirse perfección por distintas razones y es importante saber qué motiva ese perfeccionismo para poder ayudarlos de verdad. Para algunos, el perfeccionismo es una autoexigencia. Estos niños se fijan estándares excepcionalmente altos a pesar de la opinión de sus maestros, padres o amigos. Aun cuando reciben elogios de los demás, pueden desestimarlos si creen que su rendimiento no fue perfecto. Puede ocurrir, por ejemplo, que usted se sienta orgulloso de que su hijo haya obtenido un 9 en un examen y que el niño, sin embargo, esté disgustado por no haber obtenido un 10. Otros niños se preocupan en exceso por su desempeño sólo si su trabajo va a ser evaluado por otra persona. Estos jóvenes pueden pensar que si no son perfectos, perderán el respeto de sus padres o maestros. También puede preocuparles que sus amigos se burlen de ellos si se equivocan. Por ejemplo: su hijo puede permitirse cometer errores cuando practica fútbol a solas en el jardín de su casa, pero no tolerar cometer los mismos errores en la campo durante un partido. Este tipo de perfeccionismo muestra la ansiedad por el desempeño y puede constituir un signo de un trastorno de ansiedad social.

 

¿Qué puedo hacer para ayudar a mi hijo?

  • Los niños y adolescentes perfeccionistas suelen decirse para sí que algo terrible va a sucederles si su rendimiento no alcanza un determinado estándar elevado. Pueden pensar que están condenados al “fracaso”, que no podrán ingresar en la universidad o que usted o sus profesores no estarán orgullosos de ellos. Es importante que le pregunte a su hijo qué piensa que puede suceder y objetar con delicadeza sus ideas mediante interpretaciones más racionales.
  • Es difícil para los padres comprender las presiones que su hijo se impone. Es importante ponerse en el lugar del niño para poder entender la angustia que siente ante el “fracaso”.
  • Con frecuencia, los padres dudan a la hora de aplacar las tendencias perfeccionistas de sus hijos por miedo a que su rendimiento deje de importarles. Esto es poco probable. Los padres, en cambio, pueden ayudarlos a explorar las consecuencias de diferentes situaciones en las que el niño no es perfecto. La reunión de pruebas a partir de situaciones de la vida real lo ayudará a rebatir la opinión de su hijo acerca de los efectos de su rendimiento. Por ejemplo, hay jóvenes que temen no poder ingresar en la universidad si sacan una nota menor que sobresaliente en algún examen. Los padres pueden alentar a sus hijos a reunir pruebas que respalden su idea preguntándoles a hermanos o amigos mayores que están en la universidad, si alguna vez sacaron simplemente aprobados en secundaria. Debido a que es probable que así sea, la encuesta ayudará al niño perfeccionista a ver que su idea no es acertada.
  • Para los niños y adolescentes, es importante tener un modelo para aprender a sobrellevar las dificultades. Miran a sus padres y profesores para saber cómo reaccionar cuando no se cumplen sus expectativas. Controle y domine sus propias reacciones ante el rendimiento de su hijo y el suyo propio.

 

¿Cuándo debo buscar ayuda profesional?

Es normal que los niños y adolescentes quieran tener éxito y desempeñarse bien. Sin embargo, cuando un niño sufre por la presión que se impone o cuando no puede contentarse con ningúnlogro si no es impecable, se justifica pedir ayuda profesional. Las intervenciones cognitivo-conductuales (como el ejemplo dado más arriba) pueden ayudarlos a aprender que las consecuencias negativas de ser “imperfectos” no son tan malas. Estas intervenciones le permiten al niño perfeccionista darse cuenta a través de la experiencia de que los resultados negativos que tanto teme rara vez ocurren. Y que cuando ocurren, por lo general no son tan terribles como lo había imaginado.

 

 

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